España disputará el próximo domingo ante Brasil la final del Mundial de Fútbol Sala esperada por todos. Para conseguirlo la semifinal entre España e Italia ha tenido un final digno de la mejor película de suspense.
Si la historia nos tiene acostumbrados a que los equipos italianos ganen a los españoles en muchas ocasiones en el último momento y de manera injusta, en la semifinal del Mundial de Fútbol Sala nos las hemos cobrado todas juntas, si bien es cierto que la selección italiana de fútbol sala está compuesta única y exclusivamente por jugadores brasileños nacionalizados.
La derrota italiana tiene un nombre propio, el de Adriano Foglia. Foglia había hecho un gran partido siendo el autor del gol que llevó el partido a la prórroga igualando el tanto de Daniel conseguido en los primeros compases del encuentro. Pero su gol en propia puerta, en una jugada que quedará para la historia de este deporte, coincidiendo con la bocina final sirvió para dar el pase a España a la final donde le espera Brasil, los anfitriones y principales candidatos al título.
España ha ganado la Eurocopa. Tengo que reconocer que hace un mes no esperaba este final ni de lejos. Fue después del Mundial de 2002 cuando perdí definitivamente la esperanza de ver a la selección española levantar el trofeo en una gran cita. Demasiadas decepciones. Cada dos veranos, una nueva. El Mundial de Naranjito, la cantada de Arconada, el penalti de Eloy ante Bélgica después de la exhibición del Buitre en el estadio La Corregidora de Querétaro, el gol de falta de Stojkovic por el hueco que dejó Míchel en la barrera, la ocasión de Salinas y el codazo de Tassotti a Luis Enrique, los fallos de Hierro y Nadal en Wembley en la única tanda de penaltis que ha ganado Inglaterra en toda su historia, el balón a las nubes de Raúl en el penalti que le sacó el Pitu Abelardo a Barthez cuando el partido agonizaba y la gota que colmó el vaso de mi paciencia, el robo de Corea. Aquel sábado por la mañana tiré la toalla. Cuando más fácil lo teníamos, más fuerte era la caída. Y si alguna vez nos la jugábamos a cara o cruz en los penaltis, irremediablemente salía cruz.
La eliminación en la primera fase de la Eurocopa de Portugal y la del último Mundial cuando íbamos a jubilar a Zidane no me harían cambiar de opinión precisamente. Pero el domingo pasado en la tanda de penaltis contra Italia la selección española de fútbol cambió su historia para siempre. De haber ganado los italianos se seguiría hablando de la maldición de los cuartos de final y de nuestro fatalismo histórico pero esta selección demostró ser un equipo ganador. La victoria en los penaltis ante Italia supondría el punto de inflexión en una historia plagada de fracasos. Después de superar a los transalpinos y nuestra tradicional barrera de cuartos, tanto Rusia en la semifinal como Alemania en la final fueron muy inferiores a la selección española y no tuvieron apenas opciones de victoria.
Cuarenta y cuatro años después del mítico gol de Marcelino, España vuelve a reinar en Europa. Y no parece ser un punto y final. España ha dominado la Eurocopa de principio a fin con una selección joven que juega al fútbol con un estilo propio y, además, con mucho recorrido todavía por delante. Y no sólo eso, las dos generaciones que vienen detrás también han sido campeonas de Europa de su categoría. La larga travesía del desierto ha terminado.