domingo, 21 de diciembre de 2008
martes, 9 de septiembre de 2008
Michael Phelps y Hitler, en Múnich 1972
Ayer se cumplía un mes del inicio de los Juegos Olímpicos de Pekín. Es momento de recordar al gran protagonista de los Juegos, el norteamericano Michael Phelps. Pero mejor que yo que lo haga Willie Oviedo, comentarista de la televisión venezolana TVes:
Jamás en los Juegos Olímpicos, ningún mortal, ningún ser viviente, ha podido colgarse la cifra de ocho medallas doradas. Únicamente lo logró Michael Phelps en los Olímpicos de Múnich, en el año 1972, allá en la Alemania de Hitler, donde ni siquiera él mismo quiso darle las medallas en aquel entonces..."Y todavía nos quejábamos de los comentaristas de TVE.
miércoles, 6 de febrero de 2008
La tragedia que marcó el destino del Manchester
El 6 de febrero de 1958 quedó grabado en el corazón de los aficionados del Manchester United. Aquel día un accidente aéreo en Múnich segó la vida de parte de la generación de jugadores más prometedora de Inglaterra. Un conjunto que, con un promedio de 24 años, ya había conquistado dos Ligas consecutivas (1956 y 57) y se sentía en condiciones de disputarle al Real Madrid la supremacía europea.
Un equipo que ideó el escocés Matt Busby, en 1952, al promover una regeneración total de un conjunto que ya había sido campeón. Busby, ex jugador del City durante ocho temporadas, había sido contratado en 1945 y, junto al galés Jimmy Murphy ya había disfrutado de una primera época dorada (Copa en 1948 y Liga 51-52), pero supo dar entrada a una serie de jóvenes talentos, incluso reclutados desde equipos escolares como Duncan Edwards, que no tenían rival en torneos juveniles.
Los 'Busby Babes' ganaron su primera Liga con un promedio de 22 años y, con 24, comenzaban el asalto de Europa, con Duncan Edwards como estrella. Edwards debutó con 16 años en el Manchester y dos después ya formaba parte de la selección inglesa, el más joven hasta la irrupción de Michael Owen, 33 años después. "Fue el único jugador que me hizo sentirme inferior", dijo de él Bobby Charlton.
Los 'Busby Babes' marcaron el estilo del Manchester, recuperado en la época moderna por otro escocés Alex Ferguson. Un juego ofensivo que está obligado a darle "el gran momento de la semana" al aficionado que trabaja el resto de días con el único consuelo de lo que va a ocurrir en ese partido, según afirmaba Charlton.
Por eso, la pérdida de ocho jugadores, dos técnicos y un directivo, del total de 23 personas que murieron en el accidente de Múnich, no sólo marcó el futuro del club, obligado a refundarse, sino que le dio su seña de identidad. Todo tuvo un carácter épico en la tragedia, con miles de pequeñas historias que hablan de predestinación.
El club decidió que a Belgrado, donde debía jugar contra el Estrella Roja, fletaría un chárter, para evitar la experiencia de la eliminatoria anterior, cuando se vio varado en Praga por la niebla.
A ese avión no se subió Jimmy Murphy, la mano derecha de Busby, porque la selección galesa disputaba un partido de clasificación del Mundial contra Israel, y sí lo hizo Geoff Bent, un suplente avisado el día antes ante la incertidumbre que provocaban las molestias físicas del capitán Roger Byrne.
El viaje de ida transcurrió según lo previsto, con repostaje en Múnich incluido, pero a la vuelta, tras conseguir el pase a la semifinal europea después de empatar contra el Estrella Roja (3-3), todo fue distinto. El vuelo salió de Belgrado con retraso, porque Johnny Berry, que sería uno de los supervivientes, no encontraba el pasaporte y los aduaneros hicieron que se descargase el equipaje para que lo buscase.
Una vez en Múnich, con un paisaje nevado y poca visibilidad, hubo dos intentonas fallidas: en dos ocasiones la nave trató de despegar sin éxito, la segunda después de que los pilotos notasen un ruido extraño en los motores. Por eso, en la segunda ocasión en la que fueron desalojados del avión, Edwards envió un telegrama a su casa "Todos los vuelos cancelados. stop. volamos mañana. stop".
No fue así. El avión trató de salir una tercera vez, sin suficiente fuerza para elevarse sobre la valla del perímetro del aeropuerto, con muchos de los jugadores convencidos de su destino (estoy preparado para irme con el señor, dijo el católico Billy Whelan). El ala izquierda y la cola de la nave chocaron contra una casa deshabitada.
Siete jugadores (Roger Byrne, Geoff Bent, Eddie Colman, Mark Jones, David Pegg, Tommy Taylor y Billy Whelan) murieron en el acto y Duncan Edwards 15 días después, con 21 años y 143 días de edad.
Matt Busby no fue informado de la muerte de su joven estrella hasta seis días después, ante el temor de que la noticia agravase definitivamente la situación del técnico, que llegó a recibir la extremaunción en el hospital Rechts der Isar de Múnich. "Mantén la bandera ondeando hasta que vuelva", le había dicho Busby a Murphy cuando fue a visitarle al hospital.
El técnico regresó a Manchester 71 días después y, pese a que al principio renegó del fútbol, las imágenes del Mundial de Suecia'58, el primero que se televisó, le hicieron cambiar de opinión. Vibró con el juego de Garrincha, Pelé, Vavá, Didí y Zagallo y decidió recomponer el equipo, con un juego ofensivo, que 10 años después de la tragedia reinó en Europa, con Denis Law, Bobby Charlton y George Best.
Esta noche la selección inglesa lucirá brazaletes negros en honor a los fallecidos en Múnich, en el partido de debut de Fabio Capello como técnico de los 'pross', y el próximo domingo después el derbi de Manchester se cubrirá de nuevo de luto y los jugadores del United vestirán una reproducción de las camisetas que lucieron los 'Busby Babes' en Belgrado.
domingo, 18 de noviembre de 2007
20 años de la última parada de Anquetil
Hoy se cumplen 20 años del fallecimiento del francés Jacques Anquetil, 'Míster crono' o 'Maestro Jacques', como era conocido el primer ciclista que ganó cinco Tours de Francia. Una leyenda que pasó a la historia, además por una curiosa personalidad en la que destacaba su sencillez y señorío, como señala uno de sus mejores amigos, el español Julio Jiménez, en las páginas de El Mundo.Quincampoix, una aldea normanda, vio nacer a Jacques Anquetil el 8 de enero de 1934. En el mismo lugar reposan los restos de un mito que detuvo el reloj para siempre en Rouen el 18 de noviembre de 1987, a los 53 años, derrotado por un implacable cáncer de estómago en unos pocos meses. Sus familiares y amigos le han rendido un homenaje este fin de semana. El único español invitado por la familia de Anquetil ha sido otra leyenda del pedal, Julio Jiménez, el 'Relojero de Ávila' y señor de las cumbres.
"Anquetil y yo fuimos compañeros y grandes amigos, para mi era casi un hermano. Después del Tour íbamos juntos a correr criteriums. Le recuerdo con enorme cariño, aparte de un gran campeón era un señor fuera de las carreteras, sencillo, noble y generoso, que nunca perjudicó los intereses de sus compañeros aunque fuese el líder del equipo", recuerda Jiménez.
Anquetil, con un palmarés de 5 Tour, 2 Giros, 1 Vuelta y 9 títulos mundiales contrarreloj en 16 años de carrera profesional, coincidió con el ciclista abulense en el equipo Ford durante tres temporadas. Juntos fueron uña y carne en la ruta y a la hora de compartir pruebas de exhibición y distendidas cenas.
Anquetil sacó la cara en un tema de plena actualidad en estos primeros años del siglo XXI: el dopaje. Admitió haber consumido drogas, e incluso le espetó a un Ministro francés en un debate televisivo: "Solo un idiota se puede imaginar que se puede hacer una Burdeos-París a base de agua. Los corredores tienen el mismo derecho a tratar sus dolores que un profesor de geografía". Palabras que pocos ciclistas se han animado a pronunciar en los tiempos presentes.
Tampoco era un santo delante de un buen vino o de una cerveza, su bebida favorita. Le gustaba vivir la vida, con independencia de su dedicación a la bicicleta. "Tomaba cerveza hasta en carrera. A veces se la ponían en la bolsa y otras se la compraban sus gregarios en los bares", comenta Julio Jiménez.
Sonada fue la farra en la que intervino Anquetil en 1964. Jiménez no olvida aquella hazaña: "Ese año gané una etapa del Tour en Andorra y al día siguiente había jornada de descanso. Anquetil abusó de los caracoles y de la bebida, sobre todo de la cerveza. Al día siguiente atacaron de salida los compañeros de Bahamontes. Yo creí que iban a por mi pero iban a por Anquetil porque se habían enterado de la fiesta de la noche anterior. Pasó el primer puerto descolgado con tres minutos, pero en la bajada se lanzó y alcanzó a todos. Aquello fue inolvidable".
Federico Martín Bahamontes, "El águila de Toledo", ganador del Tour en 1959, se rinde a la calidad de Anquetil, pero nunca olvidará que le arrebató en 1963 en Chamonix su segundo Tour. "Tenía un equipazo y remataba siempre en las cronometradas. Nunca olvidaré la etapa de Chamonix. Ese día me la jugó sirviéndose de un motorista que le lanzó en la llegada. Me quitó el Tour", recuerda Bahamontes.
"La última vez que le vi fue en 1985, cuando le pedí que viniera a la Vuelta a Cantabria. Fue cuando me dijo que tenía cáncer. Fui a buscarle a Biarritz y siguió la prueba con el director de carrera. El organizador me pidió que le atendiera a conciencia y le llevé a comer marisco, que era una de sus principales aficiones. Ese día pidió con mucha pena que le permitiéramos beber un poquito de vino blanco, pero su mujer lo impidió por su enfermedad. Se fue contento de Santander y fue la última vez que vino a España", contó Jiménez.
jueves, 25 de octubre de 2007
Una década sin Maradona
El 25 de octubre de 1997, cinco días antes de cumplir 37 años, el fútbol vivió el último día de Diego Armando Maradona como jugador de fútbol profesional. En ese momento ni él mismo sabía que todo había terminado pero pocas horas después, encerrado en su casa, con dolores físicos, acorralado por la droga y sin deseos de volver a entrenarse, el Pelusa dijo basta. Así terminaba la carrera del que para muchos, entre los que me incluyo, ha sido el mejor futbolista de todos los tiempos.
Aquel partido histórico fue el último que perdió River Plate antes de proclamarse campeón del torneo Apertura, frente a un Boca Juniors que, además de Maradona, contaba en sus filas con un juvenil llamado Juan Román Riquelme y con el actual goleador del equipo, Martín Palermo, entre otros. Ese día del que hoy se cumplen diez años se cerró uno de los capítulos más brillantes de la historia del fútbol.
A partir de entonces no ha dejado de ser noticia, la mayoría de las veces debido a sus excesos. Pero los que le hemos visto jugar nos quedamos con el Diego, con el niño de la paupérrima Villa Fiorito que llevaba una pelota cosida a la pierna izquierda. Como dijo el propio Maradona el día de su merecido homenaje, la pelota no se mancha.
