El francés Sébastien Loeb (Citroën) certificó hoy su absoluta hegemonía en el Mundial de Rallys anotándose su quinto entorchado mundial consecutivo, una racha inalcanzable para ningún otro piloto en la historia de la competición. El francés ha sellado su quinto campeonato con el tercer puesto en el Rally de Japón, ganado por el finlandés Mikko Hirvonen (Ford), que se despide de sus opciones de título a falta de una prueba.
Sébastien Loeb, de 34 años, ha derribado la única plusmarca que le restaba, ya que el finlandés Tommi Makinen había ganado cuatro mundiales seguidos entre 1996 y 1999. El francés ya se ha instalado en la cima de la competición, con sus cinco campeonatos y su récord de victorias en rallys con 49 triunfos, alimentado esta temporada con 10 nuevas victorias.
Su único rival de este año, Mikko Hirvonen, acudió a Japón con el orgullo del que todavía contempla opciones matemáticas, pero el doblete cosechado por Ford resultó estéril gracias a la amplia ventaja que disfrutaba el líder. Jari-Matti Latvala finalizó segundo en un podio cerrado por el ya pentacampeón del mundo Sébastian Loeb, que se dejó llevar a más de dos minutos de Hirvonen para hacerse con el título.
Decididos el campeón y el subcampeón mundial, el Rally de Gran Bretaña solo vivirá el aliciente de conocer si Dani Sordo (Citroën) acabará tercero, para lo que cuenta con una amplia renta de nueve puntos sobre Latvala. Una avería obligó al cántabro a rodar sin opciones desde el viernes, pero su orgullo le permitió acabar décimo en Japón pese a rodar con un coche muy limitado.
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El electricista volador
Antes de dedicarse a los rallys, Loeb arreglaba enchufes.
Sébastien Loeb, las manos de un pianista al volante de un coche de carreras, se consagró este domingo como el mejor piloto de rallys de siempre tras apuntarse, en Gales, su cuarto título mundial consecutivo, todos ellos como piloto de Citroën. El francés igualó así a los finlandeses Juha Kankkunen (1986, 1987, 1991 y 1993) y Tommi Makkinen (de 1996 a 1999).
A sus 33 años, Séb es una roca mental. Y también lo sería físicamente si una lesión de espalda no le hubiera apartado del potro, las anillas y las volteretas. "Fui gimnasta durante 12 años", recuerda Loeb, que, antes de dejarlo, fue cuatro veces campeón de Alsacia e incluso se clasificó quinto en el campeonato francés. "Esta afición me la inculcó Guy, mi padre, que fue campeón universitario", explica el piloto, que, cuando se rompió, encaminó su vida hacia un ámbito bien distinto.
"Me puse a hacer de electricista, a arreglar enchufes, que siempre había sido el sueño de mi vida", ironiza. "En ocasiones pienso en el pasado, en todos los momentos malos que he atravesado, y trato de digerir la suerte que he tenido", ahonda el corredor, siempre con un aire desaliñado y bajo la gorra de BF Goodrich, el suministrador de neumáticos de su C4 World Rally Car (WRC).
Entre arreglos de fontanería y apaños de chispas, un vecino suyo que tenía un taller le preparó un coche para que corriera en alguna que otra prueba. Casualidad o no, era un Citroën. Desde entonces no ha dejado de ganar.
A pesar de que aterrizó en el Mundial ya mayor -en 1999, con 25 años-, Loeb ha aprovechado el tiempo. En 2003 pudo haberse estrenado como campeón si Guy Fréquelin, su director hasta ayer en Citroën, no le hubiera obligado a levantar el pie del acelerador con tal de amarrar el título de constructores para la genial marca francesa. Esa temporada ganó Petter Sölberg, con Subaru, pero desde entonces la dictadura de Loeb ha arrasado. No en vano es el piloto que más rallys ha ganado con 36, el que más triunfos ha sumado en una temporada, los 10 que consiguió en 2005, y el que ostenta la mejor racha, seis victorias consecutivas, ese mismo año.
Acompañado de su inseparable copiloto Daniel Elena, el francés volador terminó tercero el domingo en Gales. Rodó al trote, al ralentí, para no arriesgarse más de la cuenta. Cuando descendió del podio, le llovieron los elogios. El más curioso, el del finlandés Ari Vatanen, campeón en 1981. "Eso confirma lo que yo siempre había sospechado: que su bisabuelo tenía que ser finlandés, ya que, si no, no puede entenderse todo lo que ha conseguido".
