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jueves, 29 de abril de 2010

Tolo Calafat fallece en el Annapurna



Tolo Calafat no pudo descender de la cima del Annapurna. La expedición integrada por Pauner, Calafat y Juanito Oiarzabal hizo cumbre el pasado martes en la montaña de 8.091 metros. El mallorquín sufrió problemas de agotamiento en el descenso y se quedó a 7.400 metros, mientras sus compañeros lograron bajar hasta los 7.100 metros donde se encontraba el campamento 4.

Los intentos de rescate han sido inútiles y Calafat ha fallecido esta madrugada. Oiarzabal ha explicado en Hoy por Hoy que uno de sus sherpas, cargado con oxígeno y medicinas, intentó acceder al lugar con el que se correspondían las últimas coordenadas ofrecidas por Tolo Calafat, pero no consiguió localizarle. Tampoco consiguió encontrar al mallorquín el helicóptero Zermatt encargado de su rescate, del ejército de Nepal, por culpa del viento y las dificultades meteorológicas.

Según ha confirmado Juanito Oiarzabal el cuerpo de Calafat permanecerá en la montaña debido a la imposibilidad de acceder al lugar en el que se encuentra el cuerpo del alpinista mallorquín. Oiarzabal se ha mostrado muy afectado por los "duros momentos" que han vivido en estos últimos días. El montañero vasco ha asegurado que "se podría haber hecho más" para salvar a Calafat y ha destacado la falta de solidaridad por parte de los sherpas de Oh-Eun Sun, la alpinista surcoreana que también coronó el Annapurna el martes y que se convirtió así en la primera mujer en coronar los 14 'ochomiles'.

Vía | CADENASER.com

lunes, 12 de abril de 2010

Juan Manuel Gozalo



Ayer murió en Santander el periodista Juan Manuel Gozalo. Tengo que reconocer que en su última etapa de Radio Marca no lo escuchaba, pero hace unos años, en la época de la guerra encarnizada entre José María García y José Ramón de la Morena, me gustaba enterarme de la actualidad deportiva a través de su tono amable en Radiogaceta de los deportes. Hoy lo recordaban algunos de sus amigos, entre los que me quedo con los recuerdos de:

Iñaki Cano: Adiós Kubalita. Hasta siempre buena persona
Ramón Trecet: En la muerte de Juan Manuel Gozalo
Axel Torres: Una Eurocopa con Juanma Gozalo

A partir de hoy esta canción no volverá a sonar igual:

lunes, 19 de octubre de 2009

Joder Andrés, esto no se hace



Estas cosas no se hacen, joder. Podías haber esperado, no sé, 30 añitos más, hasta el Mundial de baloncesto del 2038, donde nos habríamos retirado a lo grande cantando las excelencias de la selección española de los hijos de Gasol, Navarro, Calderón y compañía. Hubiese estado bien.

Un beso en la calva, compañero. Y sin que sirva de precedente y esta vez sin que me lo tengas que decir, lo reconozco públicamente: ¡Qué suerte he tenido en haberte conocido!"


Durante todo el fin de semana los recuerdos y homenajes a Andrés Montes han batido récords en internet. Antoni Daimiel, Santi Segurola, Julio Salinas, Pau Gasol, Rudy Fernández, Ricky Rubio y Andrés Iniesta también tuvieron el suyo.

sábado, 17 de octubre de 2009

Hasta siempre, jugón



Ha muerto Andrés Montés. No hace ni un mes que se despedía de laSexta tras la victoria de España en el Europeo después de que la cadena no le renovase el contrato. Me partía de risa con los nombres que les ponía a los jugadores, con sus muletillas y con la complicidad que mantenía con sus compañeros: Salinas, Iturriaga, Epi y, antes de todos ellos, Antoni Daimiel.

"Buenas noches. Bienvenidos al club. Viviendo la magia del básquet. ¡I love this game!", así comenzaba sus retransmisiones cada noche en Canal + junto a Daimiel. Y así narraba Andrés Montés la última canasta del último partido de la última final de Michael Jordan. Hasta siempre, jugón.

domingo, 9 de agosto de 2009

Hasta siempre, Jarque



Daniel Jarque
, futbolista del Espanyol, falleció este sábado en la concentración del equipo, en Coverciano (Italia). El jugador estaba hablando por teléfono con su novia cuando por causas desconocidas sufrió un ataque al corazón y dejó de hablar. Ésta avisó a Corominas y éste al delegado del conjunto blanquiazul, que subió a la habitación del futbolista y lo encontró sin conocimiento.

Según fuentes del club, la repentina muerte de Jarque se debió a una asistolia no desfibrilable. El doctor Cervera le practicó el masaje cardícaco y usó el desfibrilador, pero no se le pudo reanimar.

Jarque tenía 26 años y debutó con el primer equipo del Espanyol el 20 de octubre de 2002, procedente de las categorías inferiores. El jugador se encontraba con el resto de la plantilla en Italia, donde hoy iban a enfrentarse al Bolonia en Rimini.

Foto | ELPAÍS.com
Entradas relacionadas | Sevillista seré hasta la muerte | Demasiado corazón

lunes, 3 de agosto de 2009

Adiós al Sir del fútbol

El pasado viernes fallecía a los 76 años de edad Sir Bobby Robson. Hoy en El País, el periodista británico John Carlin le dedica el siguiente artículo:


Robson, pasión por el balón y la vida

En julio de 1995, cuando entrenaba al Oporto, a Bobby Robson (Langley Park, Inglaterra; 1933) le diagnosticaron un tumor maligno en el cerebro. El especialista del hospital Royal Marsden, de Londres, le explicó todos los detalles de la compleja operación a la que se tendría que someter. Cortarían por encima del labio superior, alrededor de la nariz; abrirían un agujero en el paladar y, si todo iba bien, le extraerían un trozo de tejido canceroso del tamaño de una pelota de golf.

Su esposa, Elsie, me contó que la respuesta de Robson fue: "Vale. ¿Cuándo podré volver a trabajar?". El médico no dijo nada, recordó Elsie Robson. Le miró, boquiabierto. Había explicado el temible procedimiento a sus pacientes muchas veces, pero nadie había respondido con tan seca tranquilidad. El médico sabía además que, después de semejante operación, uno no se recupera lo suficiente para volver a hacer una vida normal. Pero Robson era un hombre fuera de lo común. Pasado un mes, ya estaba hablando por teléfono mañana y noche, planeando la temporada entrante. En noviembre volvió al trabajo, seis meses después conquistó el campeonato portugués y en la temporada siguiente, la de 1996-97, ganó tres trofeos con el Barcelona de Ronaldo: Recopa, Copa del Rey y Supercopa de España.

Bobby Robson, que murió el viernes pasado, a los 76 años, tras perder la última de sus cinco batallas contra el cáncer, elevó el concepto loco por el fútbol a una categoría desconocida. "Es mi droga, es mi vida", decía Robson, que ejerció como profesional durante 60 años, que jugó para la selección inglesa y después la entrenó, que ganó títulos en cuatro países. Vivía un partidillo de entrenamiento, seis contra seis en un campo reducido, con la misma intensidad que una final; veía todo el fútbol que podía en televisión, todas las Ligas de todos los países, y trataba a sus jugadores como si fueran sus hijos. Cuando estaba en el Barcelona, no se cansaba de hablar del talento puro de Ronaldo o de la tenacidad de Luis Enrique, en cuya dedicación al trabajo Robson veía un fiel reflejo de la suya. "I love Luis Enrique", me dijo una vez; "I love him!" ["¡adoro a Luis Enrique, le adoro!"].


Pero Robson no sólo amaba el fútbol. Amaba la vida. Vivía cada día, cada hora, cada minuto con el más puro entusiasmo, como un niño con un juguete nuevo, en un estado de permanente excitación. Estuve una mañana paseando con él en Sitges, el pueblo en el que vivió cuando entrenaba al Barcelona. Cualquiera que nos hubiera visto habría pensado que él trabajaba para una inmobiliaria y me quería vender una casa: "¡Mira las flores en esa terraza! ¡Qué preciosas!, ¿no? ¡Mira el paseo marítimo! ¡Qué grande! ¡Mira ese olivo! ¡Dos mil años! ¡Desde antes de Cristo!". Me acuerdo de que nos acercamos a una tienda en la que vendían cuadros. "Mira esos paisajes", me dijo; "esas mujeres vestidas de negro. ¡Qué belleza!".

A Robson le encantaba Sitges, y Barcelona también. "La catedral, las obras de Gaudí, el paseo de Gracia, Santa María del Mar: wow, wow, wow! ", exclamaba. Descubrí que sentía pasión por el teatro y que incluso de vez en cuando leía novelas. Y que le gustaban otros deportes. Veía rugby, jugaba al golf. Lo curioso es que le quedase energía para el fútbol, deporte del que vivía, pero que además amaba como el más apasionado forofo. Iba a ver partidos en campos ajenos por el puro disfrute de hacerlo, sin que hubiera ningún motivo profesional.

Una noche volvimos a su casa en Sitges a la 1.45 de la mañana. Estaba agotado. Había sido un día largo. El Barça jugaba contra el Madrid en menos de 48 horas. Pero se quedó despierto hasta las 2.25, hora en la que pasaban en televisión los resúmenes de un par de partidos (de poca trascendencia, recuerdo) que se habían disputado esa noche en Inglaterra.

Murió el viernes por la mañana. Desde el lunes había estado en la cama, agonizando. ¿Pero qué hizo el domingo? Fue a un partido. Un partido benéfico, en su honor, para recaudar fondos para la lucha contra el cáncer. Fue en Saint James Park, el estadio del Newcastle, el equipo que iba a ver jugar con su padre cuando era pequeño. La ovación con la que le recibió el público cuando entró en un campo de fútbol por última vez, en una silla de ruedas, combinó afecto, orgullo y admiración. Hay muchas ovaciones en el mundo del fútbol. Pocas han sido tan merecidas como ésa.

lunes, 21 de enero de 2008

Un rebelde en jaque perpetuo

Hasta su edad al morir, 64 años, uno por cada casilla del tablero, está ligada al ajedrez. Y la ciudad en la que Bobby Fischer murió la pasada semana por una enfermedad renal, Reykjavík (Islandia), es la misma en la que destruyó la hegemonía soviética al destronar a Boris Spassky en 1972, en plena guerra fría entre EEUU y la URSS; la misma que le lanzó a la idolatría de millones de aficionados, y que le convirtió en el ajedrecista más carismático de todos los tiempos. El periodista y Maestro Internacional de ajedrez Leontxo García, que lo llegó a conocer personalmente, lo recuerda en este artículo publicado en el diario El País.


Bobby Fischer fue un rebelde con mayúsculas, hasta el punto de que era asilado político en Islandia por una orden de busca y captura de la Casa Blanca tras violar el embargo contra Yugoslavia al disputar allí la revancha contra Boris Spassky en 1992. El 1 de septiembre de ese año, en su primera rueda de prensa tras 20 años de reclusión, con periodistas hasta debajo de las mesas porque no cabían en otro sitio, con corresponsales de guerra que habían dejado de cubrir la de la vecina Bosnia para ilustrar el retorno de Fischer en Sveti Stefan (Montenegro), el niño terrible del ajedrez escupió ante las cámaras sobre un documento del Gobierno de EEUU que le conminaba a no jugar con Spassky en Yugoslavia, con una bolsa de cinco millones de dólares. Pero quien le persuadió para disputar ese duelo no fue el dinero, sino una húngara de 19 años, Zita Rajcsanyi, de la que Fischer estuvo enamorado durante un par de años.

Esa misma cantidad es la que le ofreció el dictador filipino Ferdinand Marcos por defender su título en 1975 contra la emergente estrella soviética Anatoli Karpov. Pero, en su rebeldía extrema y su fidelidad a principios inamovibles, Fischer exigió que la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) aceptase sus condiciones -propuso que se jugase al mejor de diez victorias, sin límite de partidas, los empates no contaban-, que hacían impredecible la duración del Mundial. La FIDE se negó, Fischer renunció a convertirse en millonario y desapareció de la vida pública durante veinte años.

Ciertamente, la coherencia de Fischer con sus ideas fue máxima. En 1965, logró que Fidel Castro se comprometiera en público a no utilizar políticamente su participación en el torneo de La Habana a través del teletipo, ya que la Casa Blanca le impedía viajar a Cuba. Y en 1972, cuando Fischer estimó que la bolsa inicial de su duelo por el título contra Spassky en Reykjavík era "una miseria", ocurrieron dos cosas extraordinarias: primero tuvo que intervenir nada menos que Henry Kissinger, Secretario de Estado, para rogarle que jugase; pero lo esencial fue que el mecenas británico Jim Slater agrandó la bolsa en 125.000 dólares.

Sin embargo, esa coherencia también escondió un miedo patológico a perder, a ser destronado por Anatoli Karpov, con quien negoció en secreto en 1976, en Córdoba y Madrid. Cuando ambos estaban de acuerdo en disputar un duelo, Fischer exigió que se llamase "Campeonato del Mundo Profesional", a sabiendas de que el Kremlin jamás lo aceptaría, y se rompió el diálogo.

Fischer era un rebelde en jaque perpetuo, perseguido realmente por la Casa Blanca, pero también por muchos más en su paranoia, que le llevó a desarrollar una doble o triple personalidad, antitética e insoportable para quienes le conocimos en la intimidad, y quizá también para él mismo. Dotado de un cociente intelectual superior al de Einstein, era maravilloso verle analizar una partida de ajedrez, entrañable cuando narraba con emoción infantil su viaje para visitar los dragones de la isla de Komodo (Indonesia) y muy interesante escuchar sus opiniones sobre política internacional, a pesar de su anticomunismo visceral. Pero también era espantoso ser testigo de su racismo contra los judíos, a pesar de que su madre era judía, alimentado por las amistades filonazis que hizo en Alemania durante sus veinte años de misterio.

Muy probablemente, la parte más oscura de la personalidad de Fischer tiene mucho que ver con su poco recomendable infancia. Su madre, Regina, políglota, hiperactiva, paranoica y sospechosa de espiar para la URSS -según los archivos del FBI- se había separado del biofísico alemán Gerhardt Fischer, luchador en el bando republicano de la Guerra Civil española. Mucho más tarde se supo que el verdadero padre de Bobby fue el científico húngaro Paul Nemenyi, también judío, y también sospechoso de espiar para la URSS. Nadie impidió que Fischer abandonase la escuela en su adolescencia y centrase su vida exclusivamente en el ajedrez, lo que impidió que adquiriese una cultura general hasta que ya fue adulto y probablemente favoreció su desequilibrio mental.

El lado negro de Fischer sólo tiene una utilidad póstuma: es un argumento para convencer a los jóvenes talentos del ajedrez de que no abandonen su formación paralela como seres humanos. Pero el lado bueno del jugador más carismático en más de quince siglos de historia del deporte mental incluye un legado tan magnífico como inmortal: sus mejores partidas, que producen en el aficionado una sensación similar a la de la Novena de Beethoven en un melómano. Esas obras de arte no morirán nunca.

viernes, 11 de enero de 2008

El último gran héroe

El neozelandés Edmund Hillary, que acompañado del sherpa Tenzing Norgay, se convirtió en el primer alpinista que encumbró el Everest, ha fallecido hoy en Auckland a los 88 años de edad. Sebastián Álvaro, director de Al filo de lo imposible, hace una semblanza del mítico escalador en El Mundo.

Ha muerto uno de los grandes héroes del siglo XX, el neozelandés Edmund Hillary. Cuando era niño siempre soñaba con imitar a estos pioneros que nos ayudaron a conocer las montañas más altas de la Tierra, a comprender, en definitiva, el planeta en el que vivimos y, de paso, los límites de la Tierra y los del ser humano.

El Everest ha sido considerado como el tercer polo, junto al Norte y el Sur, es decir, el punto más alto del planeta, ese lugar que, recordando a Shakespeare, es donde se forjaron esos aventureros hechos "de la misma substancia de los sueños". Sin duda, si nuestra serie documental existe y ha tenido tan larga y fructífera vida se debe al ejemplo de pioneros como él, que nos enseñaron a las siguientes generaciones cómo el Himalaya podía ser más que un magnífico reto, un territorio acogedor de historias, sueños y aventuras.


La prensa mundial se ha visto conmocionada por la muerte de este apicultor que alcanzó la gloria mundial por haber sido el primer ser humano en alcanzar, junto al sherpa Norgay Tenzing, la cima más alta del mundo, el Everest. La noticia se difundió en Inglaterra el mismo día que coronaban a Isabell II y tuvo un extraordinario impacto, quizás sólo comparable al que tuvo la llegada del hombre a la luna.

Eran los esplendorosos estertores de un imperio que dejaba de serlo y el nacimiento del último gran héroe del siglo XX. Un país desangrado por la Segunda Guerra Mundial vivió aquel triunfo de 1953 como un logro nacional que les devolvía el orgullo colectivo y, sobre todo, significaba la esperanza en un futuro mejor. No deja de ser paradójico que la conquista del Everest, siempre estará rodeada de incertidumbre ya que no sabremos nunca con certeza si fueron Hillary y Tenzing o quizás fueran George Mallory y su compañero Andrew Irvine en 1924.

Por otro lado, como hemos comprobado en estos años pasados, las escaladas del Annapurna, el Nanga Parbat o el K2, en esos mismos años, fueron logros alpinísticos superiores. Pero nada de eso hace menos grande a Edmund Hillary, ni oscurece su hazaña ni su magnífico historial.

Quizá se nos haga difícil llegar a calibrar lo que supuso su conquista del Everest. Baste señalar que todavía hoy Hillary es el único neozelandés vivo que aparece en un billete de banco de su país y es el único extranjero que ha merecido ser nombrado ciudadano de honor por el gobierno nepalí.



Un carácter menos firme o más sensible a la adulación habría, a buen seguro, sucumbido, sobran los ejemplos, y con méritos muy inferiores. Sin embargo, aquel joven apicultor que había aprendido a amar las montañas escalando las hermosas y difíciles cimas de su tierra, los Alpes neozelandeses, supo armarse de humildad y sabio relativismo para afrontar los continuos homenajes. Volvió al Himalaya en varias ocasiones y participó en la expedición transantártica de la Commonwealth en 1957.

Fue el primero en escalar el Ama Dablam, la montaña sagrada de los sherpas y una de las más bellas de la Tierra, y de los primeros en intentar el difícil Makalu (8.463 metros) que escalaría el extraordinario alpinista francés Lioel Terray. Tuvo un accidente muy grave, a partir del cual ya nunca sería el mismo y sufrió en su carne la mayor de las desgracias cuando su esposa y su hija murieron en un accidente aéreo en Katmandú.

Pero si tuviera que rescatar su actividad más intensa y longeva y meritoria yo escogería la de haber sido el primer alpinista en ayudar a los porteadores. Haber sabido mirarlos no sólo como mano de obra barata. Tras él hemos ido otros muchos, pero Hillary fue, en este apartado también, un pionero. A través de su fundación, se han construido numerosas escuelas y hospitales. Es de esa gente que ha hecho realidad los mejores valores de la montaña: la solidaridad, el esfuerzo, el sacrificio y haber sido alpinista viejo, antes que alpinista bueno.

Como me aconsejaba mi madre por haber sido sobre todo, y antes que una celebridad, una buena persona. Y es que el mayor logro de Edmund Hillary fue saber mantener vivo hasta el último día su corazón joven que soñaba con montañas sin imaginar siquiera que un día tocaría el cielo con los dedos. Hoy estoy triste, y ustedes quizás lo estén también, porque se nos ha muerto el último héroe.


martes, 28 de agosto de 2007

Sevillista seré hasta la muerte

Ha muerto a la temprana edad de 22 años el futbolista del Sevilla Antonio Puerta, el autor del gol que cambió la historia del Sevilla.

Estadio Ramón Sánchez Pizjuán. Jueves, 27 de Abril de 2006. Sevilla F.C. - Schalke 04. Vuelta de la Semifinal de la Copa de la UEFA. Minuto 10 de la primera mitad de la prórroga, minuto 100 del partido en el año del Centenario. Antonio Puerta desde el borde del área engancha un centro medido de Jesús Navas con una sensacional volea cruzada y clasifica al Sevilla por primera vez para una final europea. En Eindhoven, dos semanas más tarde, ante el Middlesbrough el club de Nervión conquista su primer título desde 1.948. Sería la primera de las 5 finales ganadas en apenas 15 meses. Pero nada hubiese sido igual sin aquel magnífico zurdazo que cambió la suerte del sevillismo para siempre el Jueves de Feria de 2006. Al día siguiente los periódicos locales coincidían en el titular de portada: "Puerta grande". No podía ser de otra forma en plena Feria de Abril. Nacía el mejor Sevilla de la historia.



El estado de salud de Antonio Puerta era crítico desde que cayese desplomado a la media hora del partido ante el Getafe del pasado sábado. Fue reanimado en el césped del Sánchez Pizjuán, pero volvió a desmayarse en el vestuario y varias veces más durante el traslado al hospital. Hasta nueve paradas cardiorrespiratorias en total que provocaron en el lateral daños internos de los que desgraciadamente no ha podido recuperarse. Los aficionados sevillistas dicen adiós al autor del tanto que ellos mismos bautizaron como "el gol que cambió nuestras vidas".


Nunca sé que decir en estos casos, básicamente porque creo que no hay nada que se pueda decir que alivie el dolor a los que lo sienten. Así que voy a aprovechar la viñeta que publica Crespo en EL PAIS.com para poner punto y final a este modestísimo homenaje a un chaval de 22 años que se ha ido cuando acababa de firmar el primer gran contrato con su Sevilla, estaba en el punto de mira de los mejores clubs europeos, ya había sido internacional absoluto con España y que deja a su novia embarazada de 7 meses. Si la muerte en muchas ocasiones es injusta, esta vez lo es todavía más.